El apartamento: la llave del éxito

El apartamento
El apartamento es una comedia agridulce sobre las relaciones laborales y la hipocresía dominante en los Estados Unidos de los años 50. La película funciona en el avance de la trama, en los diálogos y en la definición de los personajes con la precisión de un reloj suizo. Los sets muestran espacios de trabajo que reflejan con fidelidad las dinámicas laborales de la época.
El apartamento

En cierta ocasión, le preguntaron a Billy Wilder si era necesario que un director de cine supiera escribir, además de dirigir. “No, pero es útil que sepa leer” contestó. Esta anécdota refleja la posición de Wilder frente a la industria cinematográfica. Un director debe saber leer un guion. Él los escribió y los interpretó como nadie.  

El maestro de la comedia americana

Gracias a sus ocurrentes diálogos, cargados de dobles sentidos y juegos de palabras, a su talento para crear situaciones y a sus inmejorables colaboradores, Billy Wilder fue considerado el maestro de la comedia americana. Creó iconos modernos como la falda voladora de Marilyn Monroe sobre la rejilla del metro de Nueva York (La tentación vive arriba) y tuvo la osadía de travestir a Jack Lemmon y Toni Curtis (Con faldas y a lo loco).

El apartamento

El apartamento es una pequeña obra maestra que narra la peripecia de un empleado de una gran aseguradora en Nueva York, obligado a prestar la llave de su modesto piso a sus jefes, quienes lo utilizan como discreto nido de amor. Todo cambia cuando el gran jefe lleva allí a la ascensorista de la que está secretamente enamorado el protagonista.

Dos espacios contrapuestos

Los decorados muestran que sirven de marco al drama: la disyuntiva entre oficina abierta y despacho privado. El espacio abierto se presenta como una oficina opresiva, alienante, despersonalizada, con escritorios asignados a cada trabajador. En contraposición al gran open space donde trabaja C.C. Baxter, las oficinas de los jefes son cubículos acristalados, agradables e íntimos, con vistas privilegiadas sobre la ciudad. La jerarquía empresarial se subraya con la posesión de estos despachos, reservados a los jefes y dotados incluso de lavabo propio. De hecho, la llave del lavabo se convierte en un objeto totémico y cargado de significado dentro de la historia.

El apartamento

Otro detalle interesante es la brecha tecnológica que nos separa del relato. Sobre las mesas encontramos apenas teléfonos, máquinas de escribir tradicionales, calculadoras de palanca, agendas de sobremesa y rolodex. Nada más.

También destaca la iluminación: una despiada luz de techo, proveniente de una inmensa batería de fluorescentes, inunda la oficina abierta. En cambio, en los despachos de los jefes aparecen cálidas lámparas de sobremesa.

Se plantea la eterna disyuntiva entre oficina abierta y despacho

El contraste se acentúa al comparar estos despachos con el apartamento del protagonista, que da título a la película. Se trata de un pequeño piso de soltero, sin pretensiones, con muebles de aluvión y objetos acumulados. Cuando Wilder quiere enfatizar la soledad de su personaje, lo muestra preparando espaguetis; como buen soltero, no tiene colador, pero su ingenio lo lleva a utilizar una raqueta de tenis.

El apartamento es un documento impagable sobre el panorama estético y moral de la generación perdida de posguerra.

La oficina infinita

 

Lo más memorable de las escenas de oficina es el gigantesco decorado donde trabajan C.C. Baxter y el resto de los oficinistas. Billy Wilder y el diseñador de producción Alexandre Trauner idearon un set con perspectiva forzada que daba la ilusión de una interminable sucesión de escritorios perdiéndose en la distancia.

Esto se consiguió estrechando el decorado a medida que retrocedía y utilizando accesorios, muebles y actores progresivamente más pequeños. Para los oficinistas del fondo se vistió a niños con trajes, y según el historiador de cine Bruce Block, en el último plano de la oficina se emplearon incluso marionetas.

La escena debía filmarse siempre desde la misma dirección para mantener la ilusión óptica. Hoy en día, probablemente se recurriría a pantallas verdes y efectos digitales, pero sería difícil reproducir el impacto visual de un truco clásico como este.

 

TEXTO MARCEL BENEDITO

FOTOGRAFÍA CORTESÍA DE MGM