1984: Macintosh destroza al gran hermano

Apple Macintosh
Cuando Steve Jobs presentó el primer Macintosh, aquella caja de zapatos blanca que adornó las mesas de las empresas de los más innovadores antes de rematar el siglo XX, estaba despejando el camino para la nueva oficina. Todo lo que ha venido después de 1984 es consecuencia del éxito de ese entrañable aparatito y su inseparable ratón.

 

Steve Jobs encargó a Ridley Scott un spot que se emitió en medio de la Super Bowl de 1984 y que costó un riñón. Utilizaba como referente la novela 1984 de George Orwell que profetizaba el sometimiento mental de la especie humana a cargo de un poderosa fuerza vigilante denominada Gran Hermano. ¿Nos suena esto?

El interfaz gráfico, el ratón y la ligereza definen la disrupción

En el impactante anuncio (que ya es historia de la publicidad) una joven aguerrida destruía simbólicamente la ominosa pantalla del ojo vigilante de Orwell y liberaba a la muchedumbre de la esclavitud tecnológica que representaban los viejos ordenadores de la época, abriendo la era de la individualidad y la innovación. Ella era la representación del nuevo, ligero, joven y sorprendente Macintosh. Una gran campaña mediática para un pequeño ordenador llamado a revolucionar el mundo.

Se anuncia la revolución

El cacharrito era problemático, poco eficaz, dotado de una capacidad de trabajo ridícula incluso para los estándares de su época y, para colmo, era caro de narices. 

¿Cómo consiguió sentar las bases de una de las compañías tecnológicas más potentes del mundo y de paso moldear los estándares de la informática del futuro de una sola tacada?

Apple Macintosh

Pues lo hizo, no tanto por sus aptitudes cuanto por los cambios increíbles que anunciaba. De repente, cualquier hijo de vecino entendía lo que significa una carpetita que se abre para guardar documentos, una papelera que se come la basura o una aplicación que muestra sus encantos con un icono. Con el Mac, podíamos escoger la tipografía de nuestros documentos y diferenciarla de la de las facturas y los proyectos e incluso añadir un símbolo gráfico. Los amistosos iconos de la pantalla se podían tocar con un dedo virtual que manejábamos con el increíble invento del ratón. También se vislumbraba el potencial de los trabajos creativos.

Trabaja dónde y cómo quieras

El Macintosh se podía llevar de una mesa a otra de forma relativamente fácil, presagiando el avance que supondría más tarde el ordenador portátil y, si vamos más lejos, el smartphone. Todo ello parece muy obvio desde nuestra perspectiva, pero nos hemos de situar en un contexto en que los ordenadores ocupaban habitaciones y su misión era apoyar el trabajo de las grandes compañías, no de los individuos. Era el anuncio de la liberación definitiva del puesto de trabajo y el principio del ‘trabaja dónde y cómo quieras’.

Vaticinar, en los años 80, el uso práctico del ordenador personal era una idea estrambótica propia de un visionario obsesionado con la perfección. Lo que no podía imaginar, ni siquiera Jobs, era que detrás de ese simpático aparatito blanco, cuadrado, con teclado y colita, esperaba en el horizonte un modelo de oficina liberada en que las personas se disponen a trabajar donde más les apetece.

1984, EL PRIMER MAC

 

Antes que llegara el Macintosh, Apple había lanzado en los años 70 varios ordenadores al mercado que no tuvieron el éxito comercial esperado, aunque sentaron las bases del futuro.

El 24 de enero de 1984 Steve Jobs presenta el primer Mac, tras intensos años de desarrollo y mil correcciones producto de la obsesión de Jobs por la perfección. Este pequeño ordenador personal revolucionó el concepto de la informática en aquella época. Incluía una interfaz gráfica orientada totalmente al usuario, un catálogo tipográfico inédito y, lo más importante, un dispositivo apuntador para manejarlo. Hasta entonces, los ordenadores utilizaban comandos escritos en el teclado.

El primer Macintosh era un ordenador que podía transportarse, que se había fabricado con un hardware innovador por el rendimiento que ofrecía y la complejidad que suponía integrarlo en una caja tan pequeña. Albergaba un procesador Motorola 68000 a 8Mhz y una RAM de 128Kbs. Costaba 2495 dólares. Una cifra que hoy, teniendo en cuenta la inflación, sería equivalente a unos 7500 dólares.

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